Todavía recuerdo el momento exacto en el que entendimos que necesitábamos otra alternativa para formar una familia. Habíamos pasado tantos años intentando ser padres que, sinceramente, ya no sabíamos cuánto más podíamos aguantar emocionalmente. Lo habíamos probado prácticamente todo. Tratamientos, consultas médicas, programas de fertilidad, fecundación in vitro… Cada nuevo intento comenzaba con ilusión y terminaba dejándonos un poco más cansados, un poco más frustrados y, sobre todo, más vacíos emocionalmente.
Hay un desgaste del que casi nadie habla cuando una pareja atraviesa problemas de fertilidad durante años. No es solo físico ni económico. Es mental. Es una sensación constante de vivir pendiente de resultados, llamadas médicas y esperanzas que se rompen demasiado rápido. Y llega un momento en el que incluso las conversaciones en pareja empiezan a girar únicamente alrededor de eso.
Nosotros queríamos ser padres. Ese siempre había sido el sueño. Algo tan sencillo y tan enorme al mismo tiempo.
Pero durante mucho tiempo sentimos que el proceso médico se había convertido demasiado en algo comercial y demasiado poco humano. Esa fue probablemente una de las cosas que más nos dolió durante nuestras experiencias anteriores. A veces sentíamos que éramos un número más, otro expediente, otra pareja atravesando un tratamiento de fertilidad sin que nadie entendiera realmente el impacto emocional que había detrás.
Y entonces apareció la posibilidad de la gestación subrogada.
Recuerdo perfectamente las primeras conversaciones sobre ello. Al principio no fue una decisión inmediata. Había muchísimas dudas. Dudas legales, dudas éticas, dudas sobre cómo funcionaba realmente un proceso de gestación subrogada internacional y, sobre todo, dudas sobre si seríamos capaces de afrontar algo tan grande emocionalmente.
Porque desde fuera mucha gente piensa que la gestación subrogada es simplemente encontrar una solución y empezar el camino. Pero cuando realmente investigas, descubres que es un proceso complejo, lleno de decisiones importantes y situaciones que requieren mucha preparación emocional.
Fue entonces cuando varias asociaciones nos hablaron de Gestlife. Y honestamente, lo primero que nos tranquilizó fue sentir que alguien se tomaba el tiempo de explicarnos las cosas con calma.
Todas las dudas que tuvimos antes de empezar el proceso de gestación subrogada
Creo que cualquier pareja que diga que empezó un proceso de gestación subrogada sin miedo probablemente no está siendo del todo sincera. Nosotros teníamos muchísimas preguntas. Queríamos entender cómo sería el proceso en Ucrania, qué garantías legales existían, cómo funcionaba la parte médica, qué ocurría si aparecían problemas y cuáles eran realmente las posibilidades de éxito.
Y cuantas más preguntas hacíamos, más conscientes éramos de la magnitud de todo aquello.
Recuerdo que hubo días enteros dedicados únicamente a hablar sobre el tema. Había momentos en los que estábamos convencidos y otros en los que el miedo volvía a aparecer. Porque una cosa es desear ser padres y otra muy distinta lanzarte a un proceso internacional tan importante emocional y legalmente.
Pero algo que nos ayudó muchísimo desde el principio fue sentir acompañamiento real.
Cada vez que aparecía una nueva duda, había alguien dispuesto a responderla. Y no hablo solo de información técnica. Hablo también de tranquilidad emocional. Cuando uno entra en un proceso así necesita sentir que no está caminando solo.
Finalmente decidimos seguir adelante y viajamos a Ucrania por primera vez.
Nunca olvidaremos aquel viaje.
Había nervios, ilusión y una sensación extraña de estar dando un paso enorme sin saber todavía cómo terminaría todo. Allí dejamos el material genético y comenzó una de las etapas más intensas de nuestra vida.
Y, curiosamente, también una de las más esperanzadoras.
Tuvimos mucha suerte desde el principio. Los embriones pudieron crearse correctamente y, además, la gestante consiguió quedarse embarazada a la primera. Cuando recibimos aquella noticia nos quedamos completamente paralizados. Después de tantos años acumulando decepciones, nos costaba muchísimo permitirnos sentir alegría sin miedo.
Porque cuando has sufrido mucho intentando ser padre, aprendes a protegerte emocionalmente incluso de las buenas noticias.
Vivir un proceso de gestación subrogada en Ucrania durante un momento difícil
Nuestro proceso ocurrió en Ucrania en un contexto especialmente complicado para el país. Y eso hizo que todo se viviera con todavía más intensidad emocional.
Muchas personas nos preguntaban si teníamos miedo. La respuesta es sí. Claro que lo teníamos.
Había preocupación por la situación del país, por los desplazamientos, por los viajes y por todo lo que podía ocurrir durante el proceso. Pero al mismo tiempo, y esto es algo que siempre diremos, nos impresionó profundamente la capacidad humana y profesional de todas las personas que nos acompañaron allí.
A veces desde fuera uno imagina estos procesos como algo frío, administrativo o distante. Nuestra experiencia fue completamente diferente.
Tanto el equipo en nuestro país de origen como el equipo en Ucrania estuvieron pendientes de nosotros constantemente. Y cuando digo constantemente, lo digo literalmente. Había seguimiento continuo, llamadas, mensajes y actualizaciones para que supiéramos en qué punto estaba todo.
Eso cambia muchísimo la experiencia emocional de una pareja.
Porque la incertidumbre existe igual. La preocupación sigue estando ahí. Pero sentir que alguien te acompaña hace que todo sea más llevadero.
Recuerdo especialmente el segundo viaje a Kiev. Fue probablemente uno de los momentos más duros de todo el proceso. El contexto del país generaba tensión, cansancio y preocupación constante. Pero incluso en medio de aquella situación tan complicada, siempre había alguien ayudándonos, orientándonos o resolviendo cualquier dificultad que aparecía.
Y las dificultades aparecen.
Siempre aparecen.
Da igual lo bien organizado que esté todo; un proceso de gestación subrogada internacional implica muchísimos factores médicos, legales y logísticos que pueden cambiar de un momento a otro. Por eso es tan importante sentirse respaldado durante el camino.
En nuestro caso, cada vez que surgía algún problema, había una solución rápida o al menos alguien buscando alternativas inmediatamente. Y eso, cuando emocionalmente estás agotado, marca una diferencia enorme.
El día que por fin llegamos a casa con nuestra bebé
Hay momentos que transforman completamente una vida. El nuestro llegó cuando por fin tuvimos a nuestra bebé en brazos y entendimos que todo aquello era real.
Después de tantos años buscando una manera de convertirnos en padres, por fin estábamos volviendo a casa con nuestra hija.
Recuerdo el viaje de regreso como una mezcla extraña de cansancio extremo y felicidad absoluta. Estábamos agotados física y emocionalmente, pero al mismo tiempo sentíamos algo que hacía muchísimo tiempo no sentíamos: paz.
Nuestra bebé dormía tranquila mientras nosotros todavía intentábamos procesar todo lo que habíamos vivido para llegar hasta allí.
Y en ese momento entiendes que todo el recorrido ha valido la pena.
No porque el proceso haya sido fácil. Porque no lo fue.
“De hecho, una de las cosas que más nos repetían al principio era precisamente eso: que sería duro, complejo y emocionalmente exigente. Y tenían razón. Pero también es verdad que el acompañamiento humano puede cambiar completamente la manera en la que se vive todo”.
Nosotros nunca sentimos abandono durante el proceso.
Siempre hubo alguien en nuestra ciudad o en Ucrania dispuesto a ayudarnos cuando aparecía una dificultad. Y eso nos permitió centrarnos muchas veces en lo único importante: mantenernos emocionalmente fuertes para seguir adelante.
Ahora, cuando miramos a nuestra hija, resulta imposible no emocionarse pensando en todo lo que ocurrió antes de tenerla aquí con nosotros.
Porque ella no representa únicamente el final de un proceso de gestación subrogada.
Representa años de esperanza, miedo, decisiones difíciles y muchísimo amor.
Lo que aprendimos de todo este camino
Si alguien nos preguntara hoy qué es lo más importante antes de iniciar una gestación subrogada internacional, probablemente responderíamos que la información y el acompañamiento emocional lo son todo.
Es importante entender bien el proceso legal, conocer el país, resolver todas las dudas médicas y prepararse para un recorrido emocional intenso. Pero también es fundamental sentirse acompañado por personas que entiendan realmente lo que una pareja está viviendo.
Porque habrá días de ilusión enorme y días de muchísimo miedo.
Habrá momentos en los que sentirás que todo avanza rápido y otros en los que la incertidumbre volverá a paralizarte. Y eso es completamente normal.
Nosotros tuvimos la suerte de vivir un proceso bastante rápido dentro de lo compleja que puede ser la gestación subrogada. Pero incluso así hubo nervios, cansancio y momentos emocionalmente difíciles.
Por eso ahora entendemos perfectamente a cualquier pareja que tenga dudas antes de empezar.
Nosotros también las tuvimos.
Y probablemente volveríamos a tenerlas si tuviéramos que revivir todo desde el principio.
Pero también sabemos algo más.
Sabemos lo que se siente al llegar a casa después de un viaje larguísimo, mirar a tu hija y pensar que, después de tantos años intentando cumplir el sueño de ser padres, por fin lo has conseguido.
Hoy somos una familia.
Y aunque el camino fue mucho más complejo de lo que imaginábamos al principio, también fue una experiencia profundamente humana que jamás olvidaremos.
